La Conciencia es el Corazón entre el Cielo y la Tierra, entre el Espíritu y la Materia, entre el Padre y la Madre, entre el Alfa y el Omega, por lo que la animalidad, por si misma, habla de una conciencia tan sujeta a la materia, como lo es, análogamente, una semilla bajo tierra. Toda Conciencia resulta esa semilla poseedora de su propia naturaleza, de su género, de su especie; de esa información que resultaría letra muerta sin el intrínseco propósito que conlleva a su movimiento. Potencia significa eso precisamente, data antes de su manifestación; los chinos le llaman Dao o Tao. Toda data que es arrastrado al flujo del movimiento es Ser, Conciencia.

El Hombre es una semilla sembrada en la materia con un propósito el cual debe ser descubierto por el Hombre mismo, han sido millones de años de aprendizaje en donde la conciencia parte de un conocimiento esencialmente animal, de un psiquismo a la que los hindúes llaman la “Conciencia Hatha” o “Hatha Yoga” o, en un entendimiento más profundo “Unión Hatha”; pasando, posteriormente, a la Bhakti, misma que se refiere al conocimiento de la vida externa, armonía entre el cuerpo y naturaleza en donde, se supone o supondría, habría un dominio sustancial de psique; es decir, de las emociones; todo esto para llegar a la presente era de la expresión de la “Conciencia Raja” o “Raja Yoga” que alude a la Mente, que alude a aquello que hace contacto con la Sustancia, la antesala del desarrollo consciente de la intuición.

Los diez y ocho capítulos del Bhagavad Gita nos hablan de esa Mente que describe al Alma, describe a Krishna, describen al Alma Universal que se revela a Arjuna, para que éste, a través de esa “Esencia Superior”, corra el velo de la Forma.

This post was written by Víctor Pierce

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