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Víctor Pierce
Superadministrador

Hola a todos.
Quisiera hablar un poco de lo que, para mí, en un contexto general y conforme a todo lo expuesto de mi parte en los post anteriores, representa esta mancuerna del Dharma y Karma obrando en una edificación práctica de esa “Libertad” para con mi persona.

Había hablado de un “Sistema de Creencias” conformado por un sinfín de paradigmas y prejuicios que suelen determinar los procesos mentales en base a una conceptualización rígida de conceptos tales como “Belleza”, “Fealdad”, “Éxito”, “Fracaso”, “Bienestar”, “Malestar”, “Correcto” e “Incorrecto”, “Lo Aceptable”, Lo Inaceptable”, etc., etc. y que marcan el rumbo, sin duda, del devenir humano. Un “Sistema de Creencias” armado, igualmente, de teorías científicas llevadas de manera errónea y hasta perniciosamente a la constitución de fundamentos inamovibles (Como la teoría de la evolución de Charles Darwin) y con las cuales se ha limitado los procesos de la averiguación de la naturaleza humana; también se encuentran ahí los dogmas religiosos y los tabúes sociales que conforman todo un manual de recitales éticos; todo esto que, en su conjunto, conlleva a la formación de una conciencia social inmersa en una burbuja que, no únicamente crea limites hacia nuevas formas de pensamiento, sino que inhibe su movimiento de tal manera que lo cicla en un “Punto Gravitacional” sobre el cual giran todos los procesos mentales de los individuos; un “Punto Gravitacional” que guarda en su núcleo la gratificación de ser aceptado.

En el periodo que abarca los años de 1983 a 1988 un servidor tubo grandes problemas con el consumo de alcohol etílico y otras sustancias, pero el mayor, sin duda, fue la bebida. Esto no es ningún secreto para aquellos que me conocen, pues baste entrar a internet y poner mi nombre completo (Victor Pierce Della Luna) y darse cuenta sobre el libro de mi autoría editado por Trillas.

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Ahora bien, a través de mi trajine en busca de una “Libertad” considerada, en aquel entonces, como el estar libre de adicciones, en un trabajo exhaustivo y arduo de muchos años (Ya van a ser 30) descubro este conglomerado de cosas en mi mismo con las que tengo que luchar si, verdaderamente, deseo salir adelante; supe, de manera muy clara, que si deseaba ser alguien más que una de esas personas neuróticas y amargadas viviendo de manera reprimida por motivos de todo aquello que se anidaba en el espectro de mis deseos; tenía que derrumbar mi vida entera e iniciar otra fuera de todas esas estructuras mentales que se fueron armando desde niño; por tal razón inicié el camino para derrotar y dominar aquello dentro mi que conformaba, nada más ni nada menos, mi persona en sí.

Sin la intención de llevar esto a una narración de toda la historia de mi vida, solo mencionaré que no ha sido nada fácil, ha habido de todo, el trabajo se volvió, a través de todos estos años, un estilo de vida, y, en ello, he aprendido a identificar esa parte de mí naturaleza que siempre me está exigiendo dar lo mejor de mi; ese es mi Dharma. He conocido y constatado que, cuando se es uno con el Dharma y lo lleva a la acción (Karma) del diario vivir, sin duda uno llega a entender esa“Libertad en la Naturaleza Humana”.

Pienso que una de las grandes cosas que me ha dado este camino es el saber que la “Libertada” no tiene que ver con las cosas que se hacen; sino en ese porqué detrás de todo lo que se hace. Ser libre tiene mucho que ver en dejar a un lado la idea de que lo que hacemos tiene que ver con las consideraciones hacia los otros; eso suele sonar muy romántico y hasta, para muchos, algo muy plausible; pero lo cierto es que el obrar pensando en los demás es supeditar todo lo que uno es en la aceptación de los otros; no existe mayor desvalorización que eso, el brindar y el depositar el valor de uno mismo en manos ajenas es carecer de libertad, y eso es lo que hace la gran mayoría de las personas en este planeta; amanecen trabajando en una imagen de sí mismos que satisfaga a los demás. Desde esa plataforma se desprenden todas las interrelaciones personales que terminan siendo una contienda de egocéntricos; pues la Psique de cada cual trabaja para que todo gire alrededor de uno; ahí nuestra emociones y esos placeres que confundimos con felicidad se hallan de antemano comprometidos, pues todo depende de resultados.

Cuando uno es libre, el actuar cotidiano se convierte en un servicio que emana de esa actitud cuya consideración de sí mismo obra de manera silenciosa. No se trata de hacer las cosas buscando un bienestar determinado hacia alguien, o por la sociedad o por uno mismo; ni siquiera eso; sino que se hacen las cosas que se hacen porque eso es lo que uno es.
Y así, bajo esa perspectiva, la libertad y el gozo se desdoblan a cada momento.

Pensamientos; como dice mi amigo Ramón.

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